Quattrocento — Bodegones
Una relectura del bodegón de lujo europeo desde alimentos cuyo precio, circulación o escasez también construyen imaginarios de acceso en México.
Quattrocento relee el “lujo pintado” de los Países Bajos: los pronkstilleven, banquetes ostentosos del siglo XVII donde objetos y alimentos funcionaban como signos de riqueza en una cultura atravesada por el comercio global.
En ese contexto, los cítricos operaban como signos de acceso. No eran frutos asociados naturalmente al clima neerlandés y su presencia dependía del cultivo especializado, la circulación y el coleccionismo.
La serie toma como código visual un motivo recurrente de esa tradición: el fruto abierto y parcialmente pelado, con la cáscara cayendo en espiral como gesto de exceso y domesticación del deseo. Al trasladarlo a un contexto mexicano, la imagen recuerda momentos en los que ciertos alimentos cotidianos alcanzan precios o condiciones de consumo cercanos al lujo.